Con el objetivo de excluir los componentes más volátiles del índice, Equilibra comenzó recientemente a medir la “inflación subyacente“, que excluye las variaciones en carnes, nafta, tarifas, expensas y educación. Según su estimación, en mayo la subyacente se mantuvo estable.
“Como decíamos allá por marzo: ni antes la inflación había subido tanto, ni ahora descendió tan bruscamente en dos meses como muestran la Núcleo y el Nivel General. Estas métricas están muy condicionadas por la carne y otros precios volátiles. Mirando la subyacente, hace un año y medio que la película de la mayoría de rubros sigue mostrando una inflación estable en un nuevo régimen inflacionario desde finales de 2024“, detalló al respecto Gonzalo Carrera, economista de la consultora.
Dólar, salarios y tarifas: los tres precios que pueden marcar el pulso de la inflación futura
Frente a este nuevo escenario, C-P sostuvo que “sin nuevos shocks, las anclas cambiaria y salarial impactaron con fuerza en la dinámica de precios“. En cuanto al precio del dólar, el trabajo expuso que el tipo de cambio se redujo 1,1% en abril y subió apenas 1,1% en mayo, ambas variaciones por debajo de los aumentos que se verificaron a nivel general en bienes.
La entidad resaltó que en mayo fueron casi 43% los precios relevados por el INDEC que aumentaron menos de un 2% mensual, cuando en abril esa cifra era algo superior al 25%. Aun así, advirtieron que “hacia adelante, el principal desafío del Gobierno será perforar el piso del 2% de manera sostenida, en un contexto dónde casi un 60% de los precios se mueve por encima del 2%”.
Para la consultora, dirigida por Pablo Moldovan y Federico Pastrana, “acelerar la desinflación demandaría profundizar las anclas, lo que conlleva mayores desequilibrios macro“. Por un lado, si el equipo económico decide, por acción u omisión, mantener o reducir más aún el nivel actual del tipo de cambio real, podría generarle un perjuicio a varios sectores industriales que necesitan un dólar algo más alto para competir.
Según dijo el exministro de Producción, Matías Kulfas, los empresarios de dicho sectores con los cuales dialoga sostienen que, con una depreciación del peso del 20%/25% ya estarían en una condición mucho más propicia para producir localmente. Además, es recurrente en el discurso de los industriales el reclamo por una reducción de la carga tributaria que por lo menos amortigue los efectos de la apertura comercial + apreciación cambiaria.
Por otra parte, los salarios tampoco tienen mucho margen más para seguir perdiendo poder adquisitivo, sin que ello implique un incremento de la conflictividad social, además de nuevas caídas en el consumo. Cabe aclarar que los recientes datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) mostraron que en abril el salario medio de los trabajadores asalariados en el sector privado creció un 1,3% mensual en términos reales y está en los valores más elevados desde noviembre de 2023.
Esto parecería ser un indicio de recuperación, aunque los sueldos negociados en paritarias no arrojan una igual recomposición, lo cual podría ser reflejo de que las principales subas se dan entre aquellos trabajadores de mayores ingresos, aumentando así la desigualdad. Además, cabe agregar que los ingresos reales de la población argentina están en un bajo nivel histórico; entre los asalariados privados (el segmento menos perjudicado en términos relativos) están casi un 7% por debajo de los valores de 2017.
“Si el tipo de cambio se empieza a mover un poco más rápido podría ocurrir que algo se traslade a inflación. Pero da la sensación que el Gobierno, teniendo el control fiscal y monetario, tiene herramientas para evitarlo. Lo mismo con los salarios”, sostuvo en diálogo con Ámbito el director de C&T Asesores Económicos, Camilo Tiscornia.
En tercer lugar, el Gobierno podría optar por postergar los próximos ajustes tarifarios. Pero, en un contexto en el cual la recaudación cae por la baja de la actividad en muchos rubros, un aumento en el gasto en subsidios erosionaría con más fuerza el resultado fiscal, “forzando” quizás al achicamiento del gasto en otras partidas sensibles en términos sociales, que también impactarían en la demanda y en la actividad económica.
De cara a junio, C-P estima una inflación del 1,9%, lo que extendería la desaceleración. Las dudas radican en la capacidad que tendrá el oficialismo para extender en el tiempo estas bajas, sin que haya un nuevo repunte como el que hubo en 2025.