En la lectura oficial, la recompra permite avanzar en dos frentes: por un lado, reducir deuda bruta del Tesoro; por el otro, mejorar la calidad del activo del Banco Central, en línea con el proceso de recomposición patrimonial iniciado a fines de 2023. Economía había estimado que los $18,4 billones serían aplicados a la cancelación de Letras por un total cercano a u$s21.700 millones de valor nominal original, con un impacto equivalente a aproximadamente 3,3% del PBI sobre la deuda bruta.
Sin embargo, la operación también reabrió el debate técnico sobre su verdadero alcance. Para el economista Gabriel Caamaño, el punto clave es distinguir entre el balance individual del BCRA y el balance consolidado del sector público, que incluye tanto al Tesoro como a la autoridad monetaria.
“La deuda consolidada Tesoro-BCRA no cambia, porque las Letras Intransferibles son deuda intra-sector público consolidado. Entonces, cuando se consolida, se elimina y no se suma”, explicó Caamaño.
El efecto sobre la deuda debe leerse con matices
La cancelación reduce el stock bruto informado por el Tesoro, pero no modifica necesariamente la posición consolidada del sector público, dado que se trata de una obligación entre dos organismos del propio Estado.
Caamaño también recordó que estos instrumentos tenían una dinámica particular dentro del esquema financiero oficial, que eran intransferibles, no se negociaban en el mercado y, en la práctica, se renovaban dentro de la relación entre el Tesoro y el Banco Central.
“Cuando uno miraba la deuda del Tesoro, no la miraba con Letras Intransferibles, y cuando uno miraba los vencimientos del Tesoro, que son mucho más importantes que mirar el stock, uno no miraba los vencimientos de las LI, sino que miraba los vencimientos sin ellas”, señaló.
Por eso, relativizó el impacto económico de la cancelación más allá de la mejora contable. “Si antes eran un pase contable que le había destruido el balance al BCRA, porque eran incobrables, intransferibles, entonces también eran un pase contable para el Tesoro. Son un pase contable para los dos”, sostuvo.
El otro eje del debate pasa por el origen de los fondos
Las utilidades transferidas por el BCRA surgieron del resultado contable de 2025, impulsado por factores como la valuación de activos, el oro, las operaciones con títulos y la baja de intereses pagados por pasivos remunerados. Para Caamaño, no es lo mismo distribuir ganancias realizadas que utilidades devengadas.
En su análisis, si las ganancias hubieran sido realizadas, el Central habría vendido activos, retirado pesos del mercado y luego transferido esos fondos al Tesoro. En ese caso, no habría expansión monetaria. Pero, según planteó, en esta operación “tiene efecto monetario expansivo y es un financiamiento monetario al Tesoro, porque esas utilidades no se realizaron”.
De todos modos, el diseño anunciado por Caputo neutraliza ese efecto en la primera instancia: los $18,4 billones vuelven al Banco Central mediante la recompra de Letras y otros $6 billones quedan depositados en la cuenta del Tesoro en la autoridad monetaria. Mientras esos pesos permanezcan inmovilizados allí, no habría impacto monetario inmediato.
El impacto monetario a seguir hacia adelante
Si el Tesoro utiliza esos depósitos para cancelar deuda en el mercado, comprar divisas o cubrir vencimientos no renovados, la expansión que hoy queda contenida podría hacerse efectiva. En ese punto se concentra la principal duda del mercado, ya que si la operación será solo un movimiento contable de saneamiento o si terminará funcionando como una fuente indirecta de financiamiento monetario.
Así, la recompra de Letras Intransferibles deja una doble lectura. Para el Gobierno, representa un avance en la normalización del balance del BCRA y una baja relevante de la deuda bruta. Para parte de los analistas, en cambio, la clave está en no confundir una mejora del balance individual de la autoridad monetaria con una mejora efectiva del balance consolidado del sector público.